10 enseñanzas fundamentales que transmite Buda

Con frecuencia me preguntan: “¿Qué es el budismo?”. Suelo explicar directamente lo que se conoce como los “tres sellos” del budismo: los conceptos de insatisfacción, impermanencia y ausencia del yo. Les digo: “Éstos son los fundamentos estructurales del budismo”.

Pero es mucho para asimilar. Si fuera más hábil, probablemente mandaría imprimir algunas tarjetas de presentación con los “Cinco Recordatorios” del budismo fundacional. Y así, cuando alguien me preguntara: “¿Qué es el budismo?” Yo le respondería, “Ten. Soy de la naturaleza de envejecer. Soy de la naturaleza de enfermar. Soy de la naturaleza de morir.”

Todo lo que me es querido y todos a los que amo son de naturaleza cambiante. Mis acciones son lo único que verdaderamente me pertenece. No puedo escapar a las consecuencias de mis acciones. Estos cinco recordatorios, que se mencionaron por primera vez en el Sutta Upajjhatthana (“Temas para la Contemplación”), fueron diseñados para recitarse. Están hechos para memorizarse. Son algo que podemos repetir todos los días.

Tal vez sean lo primero que dices al levantarte, o el primer pensamiento que tienes antes de acostarte; tal vez estén pegadas junto al espejo del baño o en la barra de la cocina. Y a medida que se interiorizan, se convierten en una especie de piedra de toque, en un recordatorio constante para ti mismo de que eres de la naturaleza de envejecer, que no hay manera de evitar el envejecimiento; que no hay manera de evitar la enfermedad.

Estos tres primeros, por supuesto, son esencialmente los que impulsaron al Buda a convertirse en el Buda. Éstos fueron los llamados centrales de su vida antes de “despertar”: la enfermedad, la vejez, la muerte. Si memorizas los cinco, no necesitas más enseñanzas.

Voy a divagar un poco sobre esto, pero en realidad ya está todo dispuesto. Ya está completo. Es el budismo en su máxima expresión. Queda perfectamente claro. Es perfectamente compasivo. Es perfectamente conciso. Y no hay manera de contradecirlo. No apartes la mirada.

Así que tenemos la enfermedad, la vejez, la muerte, y luego tenemos los otros dos últimos. “Todo lo que me es querido y todos a los que amo son de naturaleza cambiante”. Esto es la impermanencia. “No hay forma de escapar el separarme” - y ahí tenemos un poco de la especia de dukkha, o insatisfacción. Todo va a cambiar; nada va a ser nunca como yo quiero que sea, como yo necesito que sea, como yo considero que debería ser. No puedo conservar lo perfecto.

Las decimos en primera persona, pero podemos decirlas en segunda. No deberíamos finjir que no. Y, por supuesto, también podemos decirlo en plural: todos nosotros somos así. Todos vamos a perder lo que tenemos, si es que alguna vez lo tuvimos. Todos somos de esta naturaleza.

Algunos de mis momentos más aterrizados y sencillos en relación con esta práctica han tenido lugar en entornos como estaciones del metro, momentos de estar rodeado por cientos o miles de personas y ver tantas caras, más de las que uno puede procesar, y entonces pensar, “Oh, TODOS nosotros somos así. Todo lo que es verdad para mí sobre esta práctica es verdad para ellos”.

Así, cambia el ambiente. Cambia el aire. El quinto recordatorio es quizá el más interesante. “Mis acciones son lo único que verdaderamente me pertenece. No puedo escapar a las consecuencias de mis acciones. Mis acciones son la base sobre la cual me sostengo”. Esto habla del karma. He oído decir, y quizá tú también, la frase: somos dueños de nuestras acciones, mas no de los frutos de nuestras acciones. Experimentamos las consecuencias, pero no obtenemos las recompensas.

Dentro de mi tradición, el Zen, podemos entender esto hasta cierto punto como una práctica de verificación, la enseñanza central del Dogen de que el significado de lo que hacemos se expresa, en su totalidad, en lo que hacemos. Mi vida se está expresando al cien por ciento ahora mismo. Así es mi vida ahora mismo. No hay antecedentes. No hay nada que esté oculto. Y es igualmente cierto para ti, estés donde estés y en cualquier parte del mundo. Lo que elijas hacer en este momento importa. Tendrá sus consecuencias. Y aunque puedes elegir qué acciones tomar, no puedes elegir cuáles serán sus consecuencias. Es como apuntar con arco y flecha mientras corres: sabes cuál es el blanco que deseas acertar. Quizá lo consigas. Quizá no. Lo haces lo mejor que puedes, pero tienes que aceptar las consecuencias de lo que ocurra, porque ¿qué otra opción te queda?

Estos Cinco Recordatorios son poderosos. Son suficientes. Más que suficientes. Pero quiero añadir otra pieza, y es que en otro sutra, el Devaduta Sutta (“Los Mensajeros Deva”), se habla de los Recordatorios, pero desde un ángulo diferente: “Los Cinco Mensajeros Divinos”.

Me encanta el primero: me hace confiar en la lista entera: pensemos en los recién nacidos. Cuando nos encontramos con un recién nacido, aunque no tengamos filosofía particular alguna sobre la naturaleza de la realidad, algo nos impacta fuertemente. Hay algo estremecedor en un recién nacido. En esa carita, lo vemos todo; vemos algo perfecto. Y al mismo tiempo, sabemos que no puede permanecer. Jamás desearíamos que ese bebé no creciera, que no se hiciera mayor. Y al mismo tiempo, cuando ese niño se hace un poco mayor, puede que no seamos capaces de ver su perfección con tanta claridad. Así que hay una sensación de pérdida.

El segundo mensajero divino es “un anciano encorvado y de dientes rotos”. Cada vez que notas a alguien que ha llegado a una edad avanzada -y en este caso, una especie de ejemplo extremo, alguien que realmente ha sentido los estragos de la edad-, es un mensajero divino. No apartes la mirada.

El tercer mensajero es alguien que sufre por una enfermedad. Parte de lo que me gusta de esta enseñanza es que he oído decir muchas veces a la gente que, cuando ves a otra persona que sufre, deberías contar tus bendiciones por no estar sufriendo tú de la misma manera. Esta enseñanza afirma lo contrario: “Esa persona está sufriendo. No te engañes: esa persona te está mostrando la naturaleza de tu vida. Nuevamente, no apartes la mirada.

El siguiente es alguien que ha fallecido. En esta cultura, por lo general es un acontecimiento raro; en otras culturas y épocas, ver un cadáver no era nada fuera de lo común. Pero estas enseñanzas surgieron en tiempos en los que, por ejemplo, no existía la fotografía. Tenemos una oportunidad diferente. Cada vez que veas una imagen de alguien del pasado, cada vez que veas una fotografía de alguien que ya no está con nosotros, puedes hacer una pausa y considerar el hecho de que esa persona ya murió y que tú también lo harás, que no hay escapatoria. No es un castigo; no es algo injusto.

Y luego está el último mensajero divino. A éste tenemos que examinarlo un poco; viene de un lugar diferente. El último mensajero es “un criminal castigado”. Esta imagen, por supuesto, pretende recordarnos al karma, pero apunta a una definición estrecha del mismo, algo más cercano a la “justicia”. Es posible que la gente haya tenido más fe en el sistema de justicia penal hace dos mil quinientos años, pero si alguien me señalara a un “criminal castigado” hoy en día, no asumiría sin más que la persona ha recibido su merecido. Si un mensajero divino no envía el mensaje que se pretende, puedes ignorarlo. Encuentra algo nuevo. En este caso, buscamos algo que nos recuerde al karma; por suerte, literally todo lo hace.

ilustración de los Cinco Mensajeros Divinos

Cada vez que no encuentras las llaves, es porque las has puesto en otro sitio. Eso también es karma: no tiene por qué asemejarse a la justicia. Cuando exhalas, tu cuerpo necesita volver a inhalar. Así, varias veces por minuto, tienes un recordatorio de que lo que haces tiene su importancia, de que lo que haces ahora te llevará a algo más.

Podemos quedarnos tan atrapados en la idea de que esta tradición y práctica tienen el propósito de perfeccionarnos de alguna manera o de purificar nuestra visión. Aunque pertenezcamos a una tradición que nos dice que no lo veamos así, esa puerta en particular aparece ante nosotros sumamente ancha, abierta y seductora. Tal vez, en el futuro haya una mejor versión de ti, una más sabia y compasiva. Pero en este momento, no necesitas centrarte en eso en absoluto. Pero no te mientas a ti mismo sobre la naturaleza de tu vida. Eso es lo que dicen estos cinco. Recuérdalos todos los días. Conviértelos en el aire que respiras. procesaalos.

De eso tratan estos cinco. No son algo que esté ahí fuera. Si quieres hacer de esto un proyecto, toma una tarjeta de 5×7 y escribe los Recordatorios, y pégala junto a tu espejo. Pégala en la barra de la cocina. Colócala en tu escritorio. Deja que estas cinco verdades impregnen tu piel. Siempre las has conocido, porque siempre han sido verdad.

Koun Franz es un sacerdote Soto Zen. Estefania es licenciada en Lenguas Modernas e Interculturalidad por la Universidad De La Salle Bajío. Koun FranzKoun Franz is a Soto Zen priest.

Algunas ideas sobre el budismo se expresan en otros planos: el budismo tibetano, la idea de vivir con el cuerpo como templo, la compasión y la atención plena, y la insistencia en no imponer dogmas rígidos. En palabras de Buda, la mente es la fuente y la dirección de nuestra vida; cultivar una vida equilibrada implica practicar la autoconciencia, la ética y la benevolencia hacia los demás.

1. No prejuzgues. 2. Vive con lo necesario. 3. Libérate de los apegos. 4. Vive en el presente. 5. Conoce quién eres. 6. Deja de echar balones fuera. 7. Sigue aprendiendo. 8. Disfruta de tu soledad y de ti mismo. 9. Conviértete en una persona crítica. 10. Olvida tus rencillas con los demás. 11-20. (Fragmentos y refranes) Estos fragmentos refuerzan una vida de consciencia y acción responsable, centrada en la ética, la serenidad y la compasión.

gráfico de los Cinco Recordatorios

El budismo tibetano se desarrolló en el Himalaya y en la actualidad es una de las escuelas budistas más extendidas y conocidas en Occidente. Se estima que unos 20 millones de personas siguen esta corriente. No se trata de una religión en el sentido estricto; es más bien un arte de vivir que promueve la felicidad, la plenitud y la sabiduría a través del equilibrio con la naturaleza. Cualquiera puede practicar el budismo, sin necesidad de ser buddhista.

  1. Una de las cosas que más me molestan es escuchar a una persona que defiende una tradición diciendo “no hay motivos para cambiar, siempre se ha hecho así”.
  2. Las expectativas y la ignorancia son las verdaderas causas del sufrimiento; aprender a vivir con la incertidumbre y aceptar cambios reduce el dolor.
  3. Es importante ser conscientes del ambiente que nos rodea, aprender a apreciarlo y descubrir los aspectos que pueden arrebatarnos nuestro equilibrio.
  4. Las emociones negativas no son un problema si las dejamos ir y no alimentarlas; la compasión y la bondad sostienen el bienestar.
  5. La sencillez del budismo se basa en no hacer el mal y evitar dañar a otros.
  6. El apego es fuente de sufrimiento; la ley del desapego nos invita a soltar lo que creemos que necesitamos para ser felices.
  7. Cada persona es responsable de sus actos, pensamientos y palabras; aprender de los errores fortalece el camino.
  8. La felicidad crece cuando damos y cultivamos la compasión hacia los demás, empezando por amarse a uno mismo.
  9. El cuerpo ocupa un lugar importante; cuídalo como templo, sin olvidar su relación con la mente y el bienestar.
  10. El budismo invita a buscar respuestas propias y no creer ciegamente; las doctrinas son guías, no verdades inmutables.

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Gautama Buddha ha inspirado a generaciones para buscar la mejor versión de cada uno, sea religioso o no. Sus principios y enseñanzas ofrecen herramientas para vivir con atención, responsabilidad y compasión en el mundo actual.

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