Esce il volume "È bello lasciarsi andare tra le braccia del figlio di Dio", edito dalla LEV a cura di Massimo Borghesi che raccoglie le omelie del sacerdote, figlio spirituale di don Giussani, a San Lorenzo fuori le Mura (2007-2012).
La prefazione firmata por Francesco enfatiza un tema central: hemos reducido el cristianismo a un código de reglas o a un esfuerzo voluntarista, y tal moralismo deja un sentido de fracaso y tristeza. Este libro reúne las homilías de don Giacomo Tantardini, sacerdote de origen lombardo, que realizó su apostolado casi íntegramente en la Ciudad Eterna, nutriendo espiritualmente a miles de jóvenes y adultos.

Durante los años, sus predicaciones llenaban la basílica cada sábado, y ninguna palabra se perdía: cada frase quedaba en el corazón e iluminaba la vida. En esta iglesia paleocristiana, donde se veneran las reliquias del santo diacono Lorenzo, también yo conocí a don Giacomo. Como ya recordé en el mensuario 30 Giorni al momento de su muerte en 2012, la última imagen que conservo de él es de la ceremonia de las confirmaciones en San Lorenzo fuori le Mura, con las manos juntas, los ojos abiertos y una mezcla de asombro, sonrisa y seriedad.
La decisión de publicar los textos de sus homilías (2007-2012) no es solo un homenaje a la memoria de este sacerdote, un vivaz hijo espiritual de don Luigi Giussani. Leer y meditar sus predicaciones hará bien al alma también hoy, porque comunican la esencia original de la vida cristiana. Siempre hay necesidad en la Iglesia de recuperar lo esencial. Durante mucho tiempo hemos reducido el cristianismo a un código de reglas o a un esfuerzo voluntarista, pero ese moralismo al final nos deja con un sentido de fracaso y tristeza.
En las meditaciones de don Giacomo la gran protagonista es siempre la Gracia, porque él sabía, por experiencia, que la iniciativa de Dios siempre precede y anticipa toda nuestra intención, encendiendo un deseo de bien para nosotros y para nuestros hermanos más necesitados. A la palabra “Gracia” don Giacomo la acompaña siempre con otra palabra que la vuelve concreta: “atractiva”, porque el Señor nos atrae siempre con el encanto de su humanidad.
Uno de los episodios evangélicos más recurrentes en sus homilías es la conversión de Zaqueo: un “traidor del pueblo”, cuyo cambio nace cuando, trepado por curiosidad a ese árbol, cruza la mirada de Jesús. “Zaqueo desciende de prisa lleno de alegría... esta mirada es puro reflejo de ser mirados; esta es la única mirada que no es impotente, esta es la única mirada que el hombre no posee, porque es solo ser mirado” (Homilía del 3 de noviembre de 2007).
- Esa mirada de Cristo se convierte en eje de la oración: la oración es la dimensión más importante de la vida. “Quien reza se salva” es un lema de san Alfonso María de Liguori que don Giacomo apreciaba. No es una fuga devocional de un mundo “malo”; es pedir, desde lo profundo del ser, lo que da sentido y posibilidad de alegría a la vida.
- Es pedir que Él mismo habite nuestra vida: «Se espera diciendo: “Ven”». La esperanza cristiana se expresa en la solicitud: “Ven, ven” (Homilía del 1 de diciembre de 2007).
- El lenguaje de don Giacomo es sencillo, pero en estas páginas se percibe la densidad de sus lecturas, desde el pensamiento teológico de san Agustín hasta la prosa poética de Charles Péguy y la “pequeña vía” de santa Teresa del Niño Jesús: «Cuando soy caritativo es solo Jesús quien actúa en mí».
Muchos sermones tocan el corazón, y el más conmovedor es sin duda el último, fechado el sábado 31 de marzo de 2012, pocos días antes de su fallecimiento. Se concluye con una frase simple, pronunciada con dificultad: «Qué bello dejarse llevar entre los brazos del Hijo de Dios». En esas diez palabras se resume toda su vida y su predicación.
La lectura de estas meditaciones no es solo una memoria: es un camino para entender la gracia operante en la vida cristiana. En estas páginas se desarrolla la idea de que la gracia no es un mero regalo sino una energía que impulsa hacia la acción, hacia la misericordia y hacia una vida de testimonio cristiano. La gracia, cuando es interiorizada, se vuelve atracción y guía para vivir en la verdad del Evangelio.
También se reflexiona sobre la relación entre fe, obediencia y libertad. Como decía Giussani, “nosotros rendimos presente a Cristo a través del cambio que Él opera en nosotros”. El verdadero testimonio no depende de una palabra generada por uno mismo, sino de las obras que el Padre confía al Hijo y que el Hijo concede a cada creyente. En este marco, la vida cristiana se entiende como seguimiento: seguir a Jesús implica comprender que la fe se manifiesta en acciones que testifican la acción de Dios en la historia de cada persona.
En estas meditaciones se observan también referencias a la experiencia personal de Tantardini y a su vínculo con la figura de Don Luigi Giussani. El lector encontrará una síntesis de la experiencia cristiana vivida en el contexto de la Iglesia de Roma, donde la gracia de Dios se revela en gestos simples y en la vida cotidiana de los fieles.

Una mirada final al conjunto de homilías revela una invitación a regresar a la esencia del cristianismo: oración, gracia que atrae, y testimonio que nace de la vida transformada por la presencia de Dios. En palabras de la última predicación, la belleza de dejarse abrazar por el Hijo de Dios sigue siendo la guía para quienes buscan vivir la fe con autenticidad.
La gracia: El nuevo estilo de vida de Dios – Dr. Charles Stanley
Para más lectura, la prefazione y las palabras de Francesco orientan a entender la intención de este libro: iluminar la vida cristiana mediante la experiencia de Tantardini y su forma de predicar que, incluso en la sencillez, revela una profundidad teológica notable.
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