Entrenamiento autógeno de Schultz: fundamentos, evolución y applicaciones en la relajación psicofisiológica

La técnica de relajación de Schultz, también conocida como el entrenamiento autógeno, es un método de relajación desarrollado por el psiquiatra alemán Johannes Heinrich Schultz en la década de 1930. Esta técnica se basa en la premisa de que la relajación profunda se puede lograr a través de la autosugestión y la concentración en sensaciones internas.

El entrenamiento autógeno es un proceso de seis etapas que implica la repetición de fórmulas o afirmaciones específicas que inducen sensaciones de pesadez y calor en diferentes partes del cuerpo. Es importante que el paciente practique el entrenamiento autógeno en un ambiente tranquilo y cómodo, preferiblemente en una posición sentada o recostada.

El entrenamiento autógeno ha sido respaldado por numerosos estudios que demuestran su efectividad en el tratamiento de una variedad de afecciones, incluyendo trastornos de ansiedad, insomnio, migrañas, dolor crónico y enfermedades cardiovasculares. La terapia autógena surge del entrenamiento autógeno (abreviado AT, siglas de autogenic training) del psiquiatra Johannes Heinrich Schultz, descrito en 1926 en una revista en la que propone un método terapéutico de orientación psicofisiológica.

Desde esta fecha hasta la actualidad han pasado 90 años, durante los cuales el entrenamiento autógeno ha sido utilizado en numerosos campos clínicos y paraclínicos, como el deporte o el manejo del estrés en el trabajo o en personas sin problemas clínicos. Así mismo, han sido numerosos los trabajos sobre los correlatos y mecanismos de acción del entrenamiento autógeno y otras técnicas derivadas dentro de la terapia autógena, impulsados originalmente por Wolfgang Luthe, discípulo de Schultz.

Para la consecución de estos objetivos se ha seguido una metodología híbrida, guiada por bases de datos y por una revisión conceptual-teórica guiada por el trabajo de Luthe, desarrollado en varios tomos. Terapia autógena es un término que engloba técnicas basadas en un enfoque psicofisiológico del comportamiento humano. El primer referente científico de la terapia autógena sería el entrenamiento autógeno descrito por Schultz en 1926, tras más de 20 años de investigación y que presenta en un libro seis años más tarde.

Schultz, basándose en investigaciones previas acerca de cambios psicofisiológicos de estados de control consciente, sistematiza un método de autohipnosis gradual utilizando seis pasos que constituye el entrenamiento autógeno. Posteriormente, Luthe añadiría otras técnicas y procedimientos terapéuticos, como los procedimientos meditativos autógenos y las técnicas de modificación autógena a partir de fórmulas específicas, que amplían el campo de la terapia autógena.

El uso integrado de estas técnicas dentro de un marco psicoterapéutico prohomeostático constituye la terapia autógena. Tal como se muestra, la terapia autógena se apoya en una concentración pasiva enfocada en sensaciones propioceptivas y una actitud de aceptación pasiva, manteniendo una práctica regular con una frecuencia de al menos tres veces al día.

La concentración pasiva es un concepto básico del entrenamiento autógeno y de todos los métodos autógenos. A diferencia de la concentración mental activa, se centra en el proceso más que en la meta, utiliza fórmulas mentales sugestivas de tipo propioceptivo y se realiza de forma paradójica: la atención se dirige al cuerpo, pero sin importar los efectos que se produzcan. Implica una actitud natural y una indiferencia completa respecto al resultado.

Cualquier esfuerzo dirigido a una meta debe ser evitado. La efectividad de la concentración pasiva depende del contacto mental con la parte del cuerpo señalada por la fórmula y del mantenimiento de un flujo continuo de representaciones de la fórmula autógena en la mente. Esta concentración está vinculada a una actitud de no interferencia con lo que ocurre en la experiencia de concentración y a la reducción de la fijación ansiosa por el resultado.

La práctica de la concentración pasiva facilita el afrontamiento de las descargas autógenas, procesos emocionales o corporales que pueden surgir durante el entrenamiento, como llanto, dolor de cabeza, tensiones musculares o sensaciones de ansiedad. Las descargas autógenas han sido estudiadas en su relación con traumas y experiencias estresantes y pueden variar en su aparición entre practicantes.

Las técnicas autógenas se han utilizado de forma combinada con otras técnicas, como el biofeedback o la modificación de conducta, creando enfoques como el biofeedback autógeno o la modificación de conducta autógena. La técnica básica consiste en seis ejercicios graduados de concentración pasiva sobre zonas topográficamente diferentes mediante fórmulas de peso, calor, corazón, respiración, plexo solar y frescor en la frente.

La modificación autógena añade fórmulas intencionales o fórmulas de órgano para producir efectos específicos que no se obtienen con los ejercicios estándar. La meditación autógena implica focalización de la atención a partir del estado autógeno hacia contenidos de consciencia, a menudo visual-imaginarios, y puede requerir meses de entrenamiento para sostener el estado autógeno durante largos periodos. La neutralización autógena abarca procesos dirigidos por el cerebro para normalizar función cerebral, especialmente cuando la técnica estándar no alcanza el objetivo terapéutico.

Entre las técnicas de neutralización se encuentran la abreacción autógena y la verbalización autógena. La abreacción solicita al paciente describir todas las experiencias sin restricciones ni juicios, facilitando procesos no voluntarios del cerebro. La verbalización autógena se centra en un tema previamente identificado y continúa hasta que el cerebro está “vacío”.

Todas las técnicas pertenecientes a la terapia autógena han sido combinadas con otras técnicas de enfoques psicoterapéuticos. Las investigaciones han explorado correlatos psicofisiológicos y neurobiológicos desde la década de 1950, con antecedentes en trabajos de neurocientíficos alemanes como Vogt, Cecile Vogt y Brodmann, y con aportes de Hess sobre áreas ergotrópica y trofotrópica del cerebro.

La hipótesis central propone que el factor terapéutico del entrenamiento autógeno radica en la modificación de interrelaciones córtico-diencefálicas que estimulan la capacidad autorregulatoria trofotrópica del cerebro. La terapia autógena sostiene que el cerebro sabe qué tarea debe realizar para recuperarse, y la neutralización describe cómo reducir efectos perturbadores a través de la regulación cerebral.

En la práctica operativa, el practicante debe mantener una concentración pasiva, una actitud de aceptación pasiva y una práctica regular para facilitar la autorregulación. El enfoque se centra en procesos mentales y no en metas concretas, lo que distingue al entrenamiento autógeno de otros métodos de relajación y terapia.

diagrama de fases del entrenamiento autógeno

Entrenamiento autógeno de Schultz para relajar cuerpo y mente. RELAJACIÓN GUIADA

La relevancia clínica del entrenamiento autógeno se manifiesta en su amplia adopción en trastornos de ansiedad, insomnio, dolor crónico y manejo del estrés ocupacional, destacando su valor como técnica psicofisiológica complementaria en psicoterapia.

Tabla 1. Ejes fundamentales y componentes del entrenamiento autógeno y sus derivados, según Luthe y Schultz:

ComponenteDescripción
Concentración pasivaFoco atencional en sensaciones propioceptivas sin meta explícita
Actitud de aceptación pasivaObservación sin interferencia ante experiencias
FrecuenciaAl menos tres veces al día
FórmulasPeso, calor, corazón, respiración, plexo solar, frescor en la frente
Modificación autógenaFórmulas intencionales o de órgano para efectos específicos
Medición y neutralizaciónDescargas autógenas y procesos brain-directed cuando es necesario

En resumen, el entrenamiento autógeno es un marco terapéutico que fomenta la autorregulación a través de la concentración pasiva, la aceptación y el uso de fórmulas propias para inducir estados de pesadez y calor. Su desarrollo histórico desde Schultz hasta Luthe traduce una tradición psicofisiológica que ha evolucionado con técnicas suplementarias, manteniendo su eje en la interacción entre mente y cuerpo para facilitar la recuperación y la gestión del estrés.

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