La definición del espíritu como la parte inmaterial, intelectual o moral del hombre, adoptada por la Organización Mundial de la Salud, abre un marco para entender la espiritualidad como un camino que nos conduce a preguntas sobre el sentido y el propósito de la vida, sin limitarse a creencias o prácticas específicas.
Una definición amplia de espiritualidad destaca necesidades humanas universales: encontrar sentido, propósito y realización; la esperanza o voluntad de vivir; y la creencia o fe en uno mismo, en los demás o en Dios. Este marco sirve para acercar bases comunes entre culturas diversas y facilitar el encuentro entre distintas tradiciones.
La inquietud científica del Dr. Gardner llevó a referirse a un tipo de inteligencia llamada “inteligencia existencial o transcendente”, vinculada a la espiritualidad. Ya, después de la segunda guerra mundial, en Victor Frankl aparece la idea de un inconsciente espiritual, donde caben una moralidad y una creencia o religiosidad inconscientes.
Para Frankl, la autorrealización es un estado espiritual en el que el individuo emana creatividad, es feliz, tolerante, tiene un propósito y una misión de ayudar a los demás a alcanzar ese estado de sabiduría y beatitud. Es a través de la satisfacción de esa búsqueda que se encuentra una justificación o un sentido válido a la vida mediante el desarrollo potencial de una actividad.
En los inicios de este siglo, varios autores estudian este tipo de inteligencia. La inteligencia espiritual está relacionada con la inteligencia emocional, porque la espiritualidad implica desarrollar una sensibilidad intrapersonal e interpersonal. Los Dres. Danah Zohar e Ian Marshall vinculan el concepto de “espiritualidad” con el de “inteligencia”.
Una de las definiciones de la Inteligencia Espiritual la describe como aquella “inteligencia con la que afrontamos y resolvemos problemas de significados y valores, la inteligencia con que podemos poner nuestros actos y nuestras vidas en un contexto más amplio, más rico y significativo, la inteligencia con que podemos determinar que un curso de acción o un camino vital es más valioso que otro”.
La Inteligencia Espiritual es la base necesaria para el eficaz funcionamiento tanto del Cociente Intelectual como de la Inteligencia Emocional. El ser humano es un sujeto simbólico, una criatura de significado. Estas definiciones muestran que la inteligencia espiritual nos permite entender el mundo, a los demás y a nosotros mismos desde una perspectiva más profunda y llena de sentido; nos ayuda a trascender el sufrimiento.
Se cita la preocupación de Del Bosque por sus hijos: “Intentar que mis hijos sean majos. No digo unos estudiantes excelentes, unos profesionales de éxito, no. Digo: que de ellos se diga que son buena gente, respetuosos, solidarios.” Su experiencia personal, como la de Álvaro, su hijo con síndrome de Down, abre preguntas sobre la responsabilidad ética y la posibilidad de generar felicidad para otros a través de nuestras acciones.
La cualidad de ser inspirado por visiones y valores se manifiesta cuando se responde qué le preocupa en la vida. Marc Hauser, psicobiólogo de Harvard, explica que emociones como la venganza, la compasión o el amor han ayudado al ser humano a sobrevivir en comunidad durante milenios. Pasar de preguntarse por el “por qué” al “para qué” revela una necesidad de otorgar sentido a lo que sucede, vivenciando la existencia como problemática y reflexionando sobre qué hacer.
En el ejemplo de Álvaro, la respuesta del ser humano se concreta en el verbo “dar” y en testimoniar a los otros que, con su ser y hacer, su vida cobra sentido precisamente en las cosas que realiza para su hijo. Una opinión, definida como una creencia subjetiva basada en la emoción o la interpretación de los hechos, puede apoyarse en argumentos, aunque existan opiniones contrarias sobre los mismos hechos.
La obra de Viktor Frankl, A presença ignorada de Deus, y la publicación de Psyciencia acercan la investigación en psicología a la práctica clínica y a la vida cotidiana, demostrando que el sentido de la vida puede surgir de un marco espiritual incluso en contextos seculares. En la vida contemporánea, vivir el presente con atención a la presencia de lo divino en la historia y en las personas puede requerir humor y risa, que aportan una sabiduría distinta y despiertan energías al servicio de la vida, contribuyendo al crecimiento espiritual.
Aunque algunos pueden percibir la espiritualidad como caduca, hoy asistimos a un resurgir que se caracteriza por su amplitud e intensidad, a menudo al margen de las instituciones religiosas. Este renacer invita a ganar lucidez y profundidad frente a las ambigüedades de la época, y a transformar la mente como núcleo de la espiritualidad, entendida como vida en plenitud.
- Transformar la mente: esencia de la espiritualidad.
- La espiritualidad no es necesariamente religiosa, sino una forma de comprender la vida.
- La sabiduría espiritual implica certezas, no solo creencias; la vida como plenitud.
“Transformar la mente: ese es mi concepto de la espiritualidad. La mejor manera de hacerlo es acostumbrarla a pensar de manera más altruista.” Estas palabras del Dalai Lama proponen un marco práctico: la espiritualidad como práctica de vida orientada a la comprensión y a la acción compasiva.

En resumen, la inteligencia espiritual se presenta como una capacidad para afrontar significados y valores, conectando acciones con un propósito mayor y promoviendo una vida más consciente y ética. Esta perspectiva integra emociones, racionalidad y una visión de legado humano, apoyando tanto el desarrollo personal como la convivencia social.
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