El texto relata la celebración del 3 de junio en Teggiano, donde las calles se iluminan con arcos de luz que parecen unir la tierra y el cielo para conmemorar la patrona de la ciudad y la figura de San Cono. La historia se entrelaza con el nacimiento del santo en la localidad de Diano a finales del siglo XII y con su milagrosa infancia.
Según la tradición, un niño aficionado a la meditación y la penitencia escapó hacia el monasterio benedictino de Santa María Cadossa, en Montesano sulla Marcellana, y, tras esconderse en un horno encendido, salió ileso. Este episodio se considera el primer milagro del futuro San Cono. Teggiano, nombre actual de la villa, se erige no solo como lugar de nacimiento sino como centro del culto que se le rinde, extendido incluso en América Latina.
Los restos del santo estuvieron inicialmente en el monasterio de Cadossa, pero al abandonarse este en 1261 fueron trasladados a Teggiano el 3 de junio. Elegido como patrón de la población, San Cono fue invocado para proteger a la comunidad ante los acontecimientos históricos más trágicos, con respuestas atribuidas a su intervención en numerosas ocasiones. Por ejemplo, se cuenta que en 1497 un monje logró repeler las balas de los ejércitos aragoneses que sitiaban la villa.
La tradición también señala que San Cono protegió a la ciudad de la peste en 1600 y de un terremoto en 1800. El monumento que representa la figura del santo está marcado por detalles que reflejan la delicadeza y el cuidado del arte que lo creó. En 2022 se llevó a cabo una restauración cuidadosa de la estatua de bronce, que no solo restauró su estabilidad y belleza, sino que permitió conocer, a través de las palabras de los restauradores, la minuciosidad de los detalles de la obra, símbolo del amor y la dedicación del artista.
Además de la estatua de bronce, la ciudad conserva otra representación de San Cono: una escultura de madera pintada y dorada, realizada en 1714 y expuesta en la Catedral de Santa María la Mayor. Esta segunda imagen es protagonistas de los relatos que se enmarcan en la festividad del 3 de junio, culminando con escenas que evocan la devoción y las tradiciones locales. ¡Ups!
La celebración del 3 de junio en Teggiano
Las calles de Teggiano se visten con iluminación que forma arcos luminosos suspendidos sobre el camino, una manifestación de colores vivos que parece buscar una unión entre la tierra y el cielo para conmemorar a la patrona y la figura de San Cono. Los relatos locales sitúan a Diano en el origen del santo y en su papel protector de la comunidad a lo largo de los siglos, especialmente durante periodos de conflicto y calamidad.
La transición de Cadossa a Teggiano en 1261 marca un momento clave en la historia del culto, consolidando a la ciudad como centro de peregrinación y veneración. La devoción hacia San Cono ha trascendido fronteras, expandiéndose a América Latina, donde también se rinde culto a este santo patrono. La restauración de la estatua de bronce en 2022 muestra el compromiso de preservar este patrimonio, destacando la meticulosidad y el cuidado invertidos por los artesanos en cada detalle.
En la Catedral de Santa María la Mayor se conserva la segunda imagen de San Cono, realizada en madera y dorada en 1714, que también participa en las tradiciones y procesiones vinculadas a la festividad. La conjunción de estas obras, junto con las celebraciones públicas y religiosas, convierte al 3 de junio en una fecha de memoria colectiva y de renovación de la fe local.

LA FIESTA DE SAN CONO
Tabla resumen de elementos clave:
| Elemento | Descripción | Año |
|---|---|---|
| Nacimiento | San Cono nace en Diano, actual Teggiano | Finales del siglo XII |
| Traslado de restos | De Cadossa a Teggiano | 1261 |
| Evento milagroso inicial | Niño ileso tras despertar en horno encendido | Finales del siglo XII |
| Restauración | Restauración de la estatua de bronce | 2022 |
| Segunda imagen | Figura de madera dorada en Catedral | 1714 |
La historia de San Cono en Teggiano es, por tanto, una mezcla de relatos pastorales, devoción popular y arte escultórico que se conserva y se transmite a través de imágenes, leyendas y celebraciones que fortalecen la identidad local y su vínculo con la fe y la memoria histórica.