Producción ascética y agiográfica en la Edad de los Volgarizzamientos

Tra Duecento e Trecento raggiunge il culmine l’età dei volgarizzamenti: attraverso la traduzione di testi di religione, primi fra tutti quelli agiografici, si persegue l’istruzione dei laici, sempre più partecipi della vita della Chiesa. También la nueva predicación de las órdenes mendicantes se propone el mismo objetivo, sirviendo de mediación entre el texto sagrado y la cultura vulgar.

La traduzione dal latino o da altri volgari di testi di religione o di testi classici diviene tra XIII e XIV secolo così massiccia da spingere ad etichettare este periodo como la edad de los volgarizzamientos. Este esfuerzo constante por rendir en la nueva lengua obras de temáticas dispares y, principalmente, los textos sagrados, apunta a la instrucción de los laicos incapaces de comprender el latín. Entre las obras de carácter religioso adquieren especial relevancia los textos agiográficos: basta pensar en Ritmo su sant’Alessio, uno de los textos literarios italianos en volgare más antiguos, o en los volgarizzamenti derivados de Vitae Patrum o de la Legenda Aurea, las colecciones más importantes de vidas de santos, junto con los Dialoghi di san Gregorio Magno.

Agiografía: tipologías y funciones

La agiografía comprende biografías de santos, tanto individuales como agrupadas en colecciones colectivas, como es el caso de la Legenda Aurea, composta por Iacopo da Varazze entre 1254 y 1263 y posteriormente reelaborada. El obra recoge un gran número de leyendas - entendidas literalmente como “cosas para leer” -, pero abreviadas respecto a la literatura agiográfica de la Alta Edad Media. Este legado legendario, muy difundido, será traducido al volgare italiano solo en el Trecento avanzado. Junto a él, por afinidad temática, se encuentran las Vitae Patrum, difundidas principalmente gracias a los órdenes mendicantes y volgarizzadas por Domenico Cavalca.

Otra línea del filón agiográfico domenicano son las biografías femeninas de terziarie. Figuras como Caterina da Siena o Vanna da Orvieto son ilustradas y presentadas como modelos por miembros conocidos de la Orden, como Raimondo da Capua y Tommaso Caffarini, quienes volgarizzan la leyenda de Vanna. En el caso del otro importante Orden mendicante, el tono es distinto: la fuerte personalidad de su fundador no deja lugar a otros modelos de santidad. Son numerosas las biografías de san Francisco d’Assisi, y la más conocida tras la Legenda maior de san Bonaventura es un volgarizzamento de una obra latina previa: los Fioretti di san Francesco, compuestos entre 1370 y 1390 por un fraile menor toscano que eligió traducir al volgare una cincuentena de anécdotas, de ahí el título, que alude al carácter antológico o de florilegio de la obra.

La estructura del sermón y la predicación

Estos sermones se reconocen por la estructura “árbol”: a partir de la raíz, un versículo temático de la Biblia o liturgia, se desarrolla el “tronco” y las ramas del sermón según divisiones precisas; el objetivo es afirmar la verdad contenida en una frase o en una palabra de la Revelación. Los sermones suelen estar dispuestos en colecciones ordenadas litúrgicamente: de tempore, para las dominicaciones dominicales, y santorales (de sanctis) para las fiestas de los santos. Existen colecciones específicas como el Quaresimale y el Adventual, centradas en periodos concretos del año litúrgico. La ars praedicandi más difundida del XIII se atribuye al canónico inglés Richard de Thetford: se distingue por la diversificación de métodos de desarrollo del tema según el público y por la conexión entre lectio, disputatio y praedicatio, es decir, la meditación de la Escritura, las técnicas de enseñanza de la Escolástica y la predicación.

La predicación medieval era supra regional y bilingüe, con dos variantes: sermón en latín para el clero y predicación en volgare para los laicos. En ambos casos se adoptaban técnicas del sermo modernus o temático, con frecuentes similitudes y ejemplos, y un constante uso de citaciones bíblicas. Otro rasgo destacado es la tendencia a la subdivisión. La nueva predicación de los mendicantes se presenta como una mediación entre el texto sagrado y la cultura vulgar, acompañando al esfuerzo de volgarización y exégesis de los textos sacros. Más allá de la exhortación a la penitencia y al uso de los sacramentos, el llamado a la pacificación social es central en la predicación de los primeros Francescani y Domenicani. También movimientos laicos de la época persiguen este objetivo, como el movimiento dell’Alleluia (1233) desde Parma y Bologna, o el de los Disciplinati que nace en Perugia en 1260 y se extiende al Norte de Europa.

La predicación giordaniana muestra tanto ciclos litúrgicos (destacan el Adventual de 1304 y el Quaresimale de 1305) como ciclos exegéticos o doctrinales, dedicados al comentario de los tres primeros libros de Génesis o al Credo. El interés de estos textos reside también en la lengua empleada: el volgare toscano de la época de Dante. Tanto en el plano léxico como conceptual, se observa el esfuerzo de Giordano por hacer comprensibles temas doctrinales complejos para un público compuesto principalmente por mercaderes. Más tarde, y conservada solo en forma tratatística, es la predicación para la Cuaresma de 1354-1355 por el dominico florentino Iacopo Passavanti: Specchio della vera penitenza, que se presenta como una obra intermedia entre predicación y manual de confesión.

El tercer orden mendicante, los Agostinianos, presenta un tipo de predicación que se distancia de los otros órdenes: no busca desarrollar el thema de las lecturas del día, sino comentar toda la perícopa evangélica, conectándose con la tipología de las homilías patristicas. En esta dirección se sitúan obras como De gestis Domini Salvatoris de Simone Fidati da Cascia y su volgarización por Giovanni da Salerno, las Esposizioni dei Vangeli. Frente a la crítica de la jerarquía eclesiástica, emergen la mística y la profecía como herramientas para acercarse a Dios, sin llegar a extremos como los de John Wyclif o Jan Hus en Inglaterra y Bohemia, predicadores que suscitaron movimientos heréticos en esas regiones.

La espiritualidad italiana del XIV siglo se caracteriza por el surgimiento de los laicos como protagonistas de la vida religiosa, ya no solo como destinatarios, sino como autores de textos religiosos. En este sentido destaca la extraordinaria experiencia de Caterina da Siena, que, siendo simples terziaria dominicana, escribe cartas a religiosos y papas, y se convierte en madre espiritual de numerosos discípulos. En el panorama europeo contemporáneo se observan fenómenos parecidos a los de la península: el franciscano Nicola Bozon compone sermones versificados en anglonormando a principios del XIV, y, como en el caso de Dominici, se da una superposición entre código predicatorio y epistolar en Enrico Susone (Heinrich Seuse), alumno de Maestro Eckhart. Susone, activo en la primera mitad del Trecento, ejercía su labor principalmente ante monasterios femeninos, y era un padre espiritual itinerante que convertía su mensaje homilético en forma epistolar cuando no podía visitar personalmente las comunidades. Sus cartas pueden considerarse un ejemplo de “predica para leer”, tan difundida en Europa que dio origen a un género propio: Lesepredigten.

La ciencia agiográfica y sus fuentes

La scienza agiografica indaga le varie tipologie di fonti e testimonianze per ricostruire il culto dei santi dalle origini fino ai nostri giorni in tutte le sue dimensioni, che qui troviamo suddivise en seis partes. La primera ofrece las coordenadas terminológicas entre teología y lingüística para entender el significado de “santo” y “santa”. La segunda está dedicada a fuentes agiográficas escritas - epitafios, calendarios litúrgicos, textos narrativos - y no escritas, desde la arqueología hasta el arte, desde la música al cine. La tercera estudia las características y funciones de los santos: mártires, patronos, protectores y socorristas, cada uno con un grado propio de importancia, como prueba el culto mariano. Luego se analizan aspectos iconográficos de las representaciones de los santos y aspectos sensoriales, litúrgicos y devocionales, incarnados en la adoración de reliquias, peregrinaciones y en la tradición de fiestas litúrgicas y civiles. Finalmente, se examinan las dimensiones históricas y jurídicas de las canonizaciones, desde la era de los mártires hasta el pontificado de Francisco.

La parte traducida del contribución se tituló [Autom. eng. AGIOGRAFIA o AGIOLOGIA], y su interés radica en describir la historia de los santos mediante la crítica de monumentos y documentos. La agiografía se puede dividir en tres partes. La segunda estudia los documentos relativos a los mártires de los primeros tres siglos, ya sean fiables como Atti proconsolari o relatos de contemporáneos bien informados, ya sean legendarios o fantásticos, denominados en griego martyrion, aḫlēsis y agón, y en latín Gesta, Passiones. Los Atti históricos o creídos tales fueron recopilados por Ruinart, Gebhardt y Knopf en ediciones posteriores. Los Atti no dignos de fe son mucho más numerosos que los primeros, y se discute por qué se produjo este fenómeno a lo largo del tiempo. A partir del siglo IV se comenzaron a fabricar estos Atti fabulosos, incrementándose en los siglos V y VI, y continuando esporádicamente durante toda la Edad Media. Después de mediados del siglo VI esa vasta literatura retórica fue generalmente tomada como histórica por numerosos lectores, hasta que en el Renacimiento se descubrieron y desechieron estos errores. La tercera parte de la agiografía se ocupa de los documentos relativos a los mártires tras la era de las persecuciones, y en particular de los no-mártires o confesores: solitarios, monjes, obispos, vírgenes y fieles simples, cuyo sacrificio se equiparó al martirio y se llamó también de manera crística, aunque “blanco” o incruento. La mayor parte de estos documentos consiste en biografías, llamadas en griego bioi o bios, y en latín vitae; su valor y su relación con la tradición de la novela helenística o de las Vidas de los filósofos son objeto de debate entre críticos contemporáneos.

Los autores de esta literatura compleja, tanto en Oriente como en Occidente, a menudo unen a los historiadores elementos fabulosos y retóricos. Esto se debe a la gran influencia de los Hechos de los Apóstoles apócrifos y de las Gesta roman las de los mártires de las primeras generaciones cristianas, al deseo de suplir la falta de noticias y proveer lecturas edificantes para los devotos. Aunque algunos escritores medievales critiquen el sistema de mentir con fines morales (pro pietate mendiri), otros, como los autores de las Passiones, no creían cometer una falta al narrar hechos que, a su juicio, eran verosímiles y útiles para la fe cristiana. La mayoría de ellos no distinguía entre tradiciones orales seguras y rumores populares sin fundamento, entre historias en sentido estricto y elogios, panegíricos y lecciones de moral. A tales efectos no dudaron en saquear y adaptar a sus héroes lo bello, útil y curioso que encontraban en otros textos, ya sean del Viejo y Nuevo Testamento, apócrifos, o de las mismas historias profanas, mitologías, fabulación y folklore de diversos países. El Medioevo recopiló para la lectura coral y la edificación de los fieles, volúmenes enteros de Passiones y Vite. Estas colecciones amplias recibieron nombres griegos como Menología, Menei, Sinassarî y, en latín, Passionarì, Lezionarì, Legendarì, porque contenían las lecciones para el canto coral (en latín legenda).

Para indicaciones sobre documentos relativos, véase bibliografía citada en obras de Günther, Franchi de’ Cavalieri, Lucius, Quentin, Minichthaler, Grossi-Gondi, Lanzoni y Delahaye. Las ideas de Reitzenstein, especialmente en relación con la Vita de Antonio, también influyen en la comprensión de estas tradiciones. Estas fuentes y estudios formaron el marco que permitió entender la evolución de la agiografía y su relevancia en la cultura religiosa medieval.

Mapa de distribución de tradiciones agiográficas en Europa medieval

¿Cuál es el origen de las órdenes mendicantes? Historia de la Iglesia 213 - Justo L. González

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