Antes de la construcción del templo, la escultura de Buda de 13,5 metros de alto (44 pies) estuvo sola por 15 años. Después de su finalización, el cliente se dio cuenta que la estatua de piedra estaba desescalada con respecto a su entorno, generando en los visitantes una incómoda sensación. Por esta razón, decidieron contratar a Ando para crear una transición más serena al llegar a la estatua. El templo envuelve la estatua, dejando únicamente la punta de su cabeza visible desde fuera de la colina, rodeada por más de 150.000 lavandas que permiten variar el color del paisaje de verde en primavera a púrpura en verano, a blanco con nieve en el invierno. Los visitantes ahora llegan al Buda a través de un pasadizo de 40 metros de largo que desemboca en un espacio circular que rodea la estatua.
“El objetivo de este proyecto fue construir un vestíbulo de oración que pudiera mejorar el atractivo de una estatua de Buda tallada en piedra hace 15 años”, explicó Ando en un ensayo para DOMUS magazine. “Nuestra idea fue cubrir el Buda hasta su cabeza con una colina con lavanda. Bajo la colina hay un túnel de 40 metros de largo y una rotonda que abraza la estatua”, continúa. La intención del diseño fue crear una secuencia espacial intensa, comenzando con un largo abordaje a través del túnel para aumentar la anticipación de la estatua, que es invisible desde el exterior.
- El pasaje de 40 metros genera una llegada gradual y una anticipación creciente al encontrarse con la rotonda que rodea la estatua.
- La colina de lavanda oculta la estatua hasta su cabeza, transformando el entorno y el paisaje a lo largo del año.
- La rotonda circular permite una contemplación desde diferentes ángulos y facilita la experiencia ritual del visitante.
Capturas de pantalla del video, cortesía de Hokkaido Fan Magazine, acompañan la narración visual de este cambio de enfoque.
Concepto y trayectoria espacial
La idea central fue crear una secuencia espacial intensa, que guíe al visitante desde la entrada hacia la estatua, intensificando la anticipación al descubrirla oculta tras la colina de lavanda. Con este diseño, la experiencia de llegada se transforma en una ceremonia de revelación gradual, donde la estatua deja de ser un elemento aislado y pasa a formar parte de un paisaje dinámico y cambiante a lo largo de las estaciones.
La lavanda no solo aporta color; su variación estacional transforma el paisaje, pasando de verde en primavera a púrpura en verano y de blanco con la llegada de la nieve en invierno, creando un marco sensorial que acompaña la quietud contemplativa de la estatua.
Además, el pasaje de 40 metros y la rotonda cercana crean una coreografía de movimiento y reposo: el visitante camina, se detiene, respira y se dispone a observar desde diferentes perspectivas, fortaleciendo el vínculo entre la figura tallada y su entorno natural.
Contexto y repercusión
En el contexto de la escultura monumental de Buda y su entorno, este proyecto de Ando se presenta como un ejemplo de intervención sensible que transforma la experiencia del visitante sin vulnerar la dignidad de la estatua ni su significado espiritual. Al envolver la estatua con una colina de lavanda, el templo logra una transición serena que facilita la llegada y la contemplación, manteniendo la presencia de la figura central mientras la rodea de un paisaje vivo y cambiante.
El uso de lavanda y el túnel de entrada de 40 metros también funcionan como herramientas de narrativa espacial, generando una secuencia que prepara la mirada del visitante para la estatua y la experiencia de oración que acompaña al vestíbulo.
Entre las fuentes que documentan este enfoque, se destaca la cita de Lynch, Patrick: “Tadao Ando envuelve una estatua gigante de Buda con un templo cubierto de lavanda” publicada en ArchDaily en Español, con referencia al ensayo de Ando para DOMUS y al proyecto descrito por el propio arquitecto.
La historia de esta intervención se enmarca en una tradición de estatuas y templos que buscan integrarse al paisaje y a la experiencia visual del visitante, como se observa en otros ejemplos de grandes estatuas de Buda y monumentos que combinan arquitectura y entorno natural para enriquecer la experiencia espiritual y turística.
Contextos de estatuas destacadas
La lista de estatuas de gran altura en Asia y África demuestra la diversidad de enfoques arquitectónicos y culturales alrededor de estas figuras. Por ejemplo, la Estatua de la Unidad en la India, la más alta del mundo con 182 m, o el Buda del Templo de Primavera en China, con 128 m, muestran cómo las comunidades elevan representaciones de deidades y figuras históricas a través de monumentos que dominan el paisaje. Estas estructuras, junto con otras como Laykyun Sekkya en Myanmar y Ushiku Daibutsu en Japón, ilustran la capacidad de la arquitectura para amplificar la presencia simbólica de figuras budistas y religiosas, y para convertir el entorno urbano y rural en escenarios de contemplación y turismo.
En este marco, la intervención de Ando se distingue por su foco en la transición espacial y en la relación entre estatua, paisaje y recorrido del visitante, más que en la monumentalidad aislada. La experiencia de aproximación, túnel y rotonda ofrece una lectura distinta de la monumentalidad, situando a la estatua dentro de un proceso sensorial continuo que se revela gradualmente.
Notas sobre la instalación y el legado
La intervención resalta la posibilidad de combinar presencia monumental con práctica contemplativa, invitando a la visita no solo como observación, sino como experiencia de tránsito y reconocimiento del entorno natural. La lavanda y el túnel no son simples elementos decorativos, sino componentes que configuran un rito de acceso y revelación de la estatua.
Capturas de pantalla del video, cortesía de Hokkaido Fan Magazine, recuerdan la relevancia visual del proyecto y su cobertura mediática internacional.
