Samkhya y su yoga: una mirada detallada a través de la Sāṃkhya clásica

Samkhya es una de las escuelas filosóficas más antiguas de la India y se distingue por su doble principio: puruṣa, la conciencia testigo inmutable, y prakṛti, la naturaleza fenomenológica que sostiene la vida psicofísica del individuo. Es, además, una de las seis Darsana aceptadas por el brahmanesimo junto a Mimansa, Vedanta, Yoga, Nyāya y Vaiśeṣika, y su influencia se extiende a sistemas como el Yoga clásico y el Vedānta.

Orígenes y textos fundamentales

El Samkhya clásico se articula en versos del Sāṃkhyakārikā, atribuido a Īśvarakṛṣṇa y fechado alrededor del V siglo d.C., con Kapila como figura fundacional legendaria. El texto se enuncia en forma de enumerate o enumeración de 25 tattvas, desde puruṣa y prakṛti hasta los cinco elementos gruesos. El principal comentario filosófico es la Yuktidīpikā de Rajana Gopalaka, probablemente del siglo VI, y el Jayamaṅgala del siglo XIV, atribuido a Śaṅkarārya, que aporta un subcomentario al Yogasūtra. A diferencia de otros sistemas, el Samkhya no se presenta como una escuela autónoma en etapas posteriores, sino que sus elementos continúan influyendo en interpretaciones vedāntinas y en la epistemología india, especialmente en la teoría de la inferencia (anumāna).

La tradición samkhya se diferencia por la centralidad de la inferencia como medio de conocimiento (anumāna), junto con percepción sensorial (pratyakṣa) y testimonio autorizado (śabda). En el Samkhya clásico, la palabra puede ser una herramienta de conocimiento cuando proviene de un parlante experto y confiable. Sin embargo, la libre interpenetración entre puruṣa y prakṛti da lugar a una visión dualista: la naturaleza es la fuente dinámica de la experiencia, mientras que la conciencia es la ilustre testigo que, en estado puro, permanece inactiva.

La enumeración de los tattvas

La doctrina enumera 25 tattvas, organizados de lo sutil a lo grueso. Los primeros dos principios son (1) puruṣa, la pura conciencia, y (2) prakṛti, la naturaleza primordial. Los 23 siguientes son evoluciones de prakṛti y incluyen: (3) buddhi, (4) ahaṅkāra, (5) manas; (6-10) los cinco sentidos de percepción (oído, tacto, vista, gusto, olfato); (11-15) las facultades de acción (palabra, prensión, movimiento, excreción, procreación); (16-20) los cinco tanmatras o elementos sutiles (sonido, sabor, forma, gusto y olor); y (21-25) los cinco elementos groseros (espacio, aire, fuego, agua, tierra). Purusa y prakṛti existen fuera del espacio y del tiempo, inmortales y eternos, y su coexistencia se manifiesta en el dinamismo de la naturaleza sin que haya una creación divina.

La experiencia del mundo surge de la interacción de puruṣa y prakṛti, no como una creación consciente de una divinidad, sino como un juego dinámico de fuerzas. Así, los 23 tattvas son, en su mayoría, energías que pueden pasar de un estado potencial a uno manifestado, generando la materia y la experiencia sensible. La liberación o mokṣa (a veces denominada kaivalya) no es una acción de una entidad trascendente; es el reconocimiento por parte del puruṣa de su verdadera separación de prakṛti, un estado que ya existe y que debe ser tomado en conciencia.

La estructura de la realidad y la naturaleza de la liberación

Samkhya sostiene una cosmología dualista no integrable: puruṣa, conciencia testigo, y prakṛti, la realidad que se manifiesta. Prakṛti es la naturaleza naturaleza, que permanece inactiva mientras el puruṣa está presente; cuando el puruṣa se aproxima, prakṛti se activa y genera buddhi (inteligencia), ahaṅkāra (identidad), y manas (mente interna), de los cuales emergen los sensos internos y las facultades de percepción y acción. Las tres gunas -sattva, rajas y tamas- impregnan la prakṛti en sus grados de manifestación, dando lugar a diferentes estados de conciencia y comportamiento en los seres vivientes. La interacción entre puruṣa y las gunas trae consigo el agenciamiento del mundo fenomenal y el ciclo del samsāra, hasta que la ignorancia (avidyā) se disuelve y se alcanza kaivalya, la liberación definitiva.

Las gunas se describen como tres hilos o hebras que configuran la experiencia: sattva, cualidad luminosa y más cercana a la verdad; rajas, dinámica y deseo que genera acción; y tamas, inercia y oscuridad que tiende hacia la inercia. El mundo fenoménico se caracteriza por una constante interdependencia entre elementos sutiles y grossos; la mente y la conciencia, desde un punto de vista samkhya, no deben confundirse con la totalidad de la existencia. La liberación se alcanza cuando el puruṣa se da cuenta de su independencia de prakṛti y reconoce su identidad como puro testigo, separándose de las perturbaciones de la materia primordial.

Relación con Yoga y otras tradiciones

El Samkhya dio origen al Yoga clásico, cuyo sistema se articula en torno a las 25 clases de fenómenos y la práctica de la disciplina mental y corporal para la purificación y liberación. Aunque la escuela Yoga añade un elemento teísta en su lectura posterior, sosteniendo la existencia de Ishvara como estímulo para las perturbaciones de prakṛti, el Samkhya mismo no afirma un creador trascendente; más bien explica las perturbaciones como derivadas de la mera presencia del ser, sin voluntad creativa previa. En los textos posteriores, como en la Bhagavad Gita, se reconoce a Kapila como uno de los fundadores de la escuela, y su influencia es citada como fundamento de distintas corrientes que se cruzan con Vedānta y otras tradiciones brahmānicas.

En resumen, Samkhya presenta una cosmología dualista y una teoría de la cognición basada en la triple fuente de conocimiento (pratyakṣa, anumāna y śabda), con una estructura de 25 tattvas que describen la evolución de la materia desde lo sutil hasta lo manifiesto. Su aporte a la epistemología y a la comprensión de la realidad ha sido crucial para el desarrollo de la filosofía india y para la formulación de prácticas de autoobservación y liberación que han influido en tradiciones como el Yoga y el Vedānta.

representación de puruṣa y prakṛti en Samkhya

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