La fe es el requisito básico para entrar en el Camino del Buda. En los cincuenta y dos niveles de la práctica del bodhisattva, los primeros diez, referidos a la fe, son básicos; el primero de estos diez niveles es aquel en que se hace surgir una fe pura. La persona de fe, así carezca de conocimientos sobre el budismo, así tenga poca capacidad intelectual, será reconocida como alguien de ideas correctas. Pero aunque alguien tenga ciertos conocimientos sobre el budismo, si carece de fe será visto como una persona que actúa contra la Ley, un icchantika o un ser de incredulidad incorregible.
El daimoku del Sutra del loto, corazón de las ochenta mil enseñanzas sagradas del budismo, es presentado como más eficaz que otros relatos o símbolos. Así pues, la fe es el requisito básico para entrar en el Camino del Buda. En los cincuenta y dos niveles de la práctica del bodhisattva, los primeros diez, referidos a la fe, son básicos; el primero de estos diez niveles es aquel en que se hace surgir una fe pura. La persona de fe, así carezca de conocimientos sobre el budismo, así tenga poca capacidad intelectual, será reconocida como alguien de ideas correctas. Pero aunque alguien tenga ciertos conocimientos sobre el budismo, si carece de fe será visto como una persona que actúa contra la Ley, un icchantika o un ser de incredulidad incorregible.
Como analogías para destacar la importancia de la fe se citan ejemplos de seres que, con solo pronunciar ciertas palabras, pueden cambiar su destino: loros que repiten las verdades del Hinayana o hombres que respetan los tres tesoros. También se señala que, con sólo entonar Nam-myoho-renge-kyo con fe, pero sin comprensión, uno puede evitar los malos caminos. Si aceptamos las palabras del sutra, a aquellos les será difícil librarse de caer en la gran fortaleza del infierno Avichi. De tal suerte, como hemos visto, aun aquellos que no tengan entendimiento podrán eludir los malos caminos si entonan Nam-myoho-renge-kyo.
El daimoku se ilustra mediante analogías como la flor de loto que gira acompañando el movimiento del sol, o el plátano que crece con el sonido del trueno, para indicar que el daimoku es como el sol o el trueno en su poder transformador. Nosotros somos como el loto o el plátano, y el daimoku del Sutra del loto es como el sol o el trueno. También se presentan imágenes como el cuerno de rinoceronte vivo o la hoja de sándalo para describir cómo la claridad del daimoku puede contrarrestar el mal karma, igual que ciertos objetos contrapesan otros elementos.
El Sutra del loto enseña que es raro escuchar esta Ley durante kalpas incalculables; por ello, encontrar este sutra es excepcional, como la floración del capullo de udumbara o la probabilidad de hallar un tronco de sándalo a la deriva. Supongamos que uno clavara una aguja en la tierra y, desde el palacio de Brahma, arrojara diminutas semillas de mostaza a una aguja; acertar sería más fácil que encontrar el daimoku del Sutra del loto. Del mismo modo, en otros escenarios astronómicos, ensartar un hilo entre montañas podría ser más simple que hallar el daimoku. Por ello, al entonar el daimoku, debe recordarse que es una alegría superior incluso para un ciego de nacimiento al recuperar la vista, o una liberación más extraordinaria que la de un prisionero recuperando la libertad.
El daimoku como práctica esencial y su relación con la palabra de la verdad
El octavo volumen del Sutra del loto de la Ley prodigiosa señala que quien acepte y practique apenas el nombre del Sutra del loto disfrutará de inmensa buena fortuna. El Sutra del loto de la Ley correcta dice que si uno escucha este sutra, proclama su título y cree en él, disfrutará de méritos inconmensurables. Y el Texto ampliado del «Sutra del loto de la Ley prodigiosa» afirma que quien acepte y practique el nombre del Sutra del loto disfrutará de infinita buena fortuna. Estas declaraciones indican que la buena fortuna que uno acumula con sólo entonar el daimoku supera toda medida imaginable.
Lo que llamamos “práctica amplia” consiste en aceptar los ocho volúmenes y los veintiocho capítulos del Sutra del loto, mantenerlos, leerlos, recitarlos, regocijarse en ellos y protegerlos. La “práctica abreviada” consiste en aceptar, mantener y proteger los capítulos «Medios hábiles» y «Duración de la vida». Y la “práctica esencial” consiste tan sólo en entonar una estrofa de cuatro frases o el daimoku, y proteger a aquellos que lo hacen. Por lo tanto, de estas tres clases de práctica -amplia, abreviada y esencial-, el daimoku se define como la práctica esencial.
El Sutra del loto y su ideograma kyo condensan la totalidad de las enseñanzas; el Buda predicó ochenta mil enseñanzas, y todas ellas se vinculan con este ideograma. En ese solo ideograma kyo están contenidos todos los sutras de los mundos de las diez direcciones. Es como la gema que concede los deseos, que encierra en sí misma toda clase de tesoros, o como la inmensidad del espacio, que incluye todos los fenómenos. Este único ideograma representa el logro supremo del Buda a lo largo de toda su vida de enseñanza, mientras que los otros cuatro ideogramas -myo, ho, ren y ge- también superan las demás doctrinas expuestas por el Buda.
La vida del Buda eterno, su iluminación y su reiteración del ciclo de nacimiento y muerte se expresan a través de los diez estados y las distintas formas que adopta para liberar a los seres. El Daishonin identifica Myoho-renge-kyo como la verdad mística inherente a todos los seres y establece la práctica de entonar Nam-myoho-renge-kyo para revelar y vivir esta verdad. Nam significa dediquear la propia vida y, al entonar, se manifiesta la decisión de dedicar palabra, pensamiento y acción a esa verdad.
El Daimoku, por tanto, abre la verdad interior que permea el universo y nuestro ser, permitiendo a cada persona activar y desplegar la budidad que reside en su interior. Esta práctica no es exclusiva del Daishonin; sirve para que todas las personas vivan la budeidad y planten las bases para un kosen-rufu, una transformación que beneficie a la humanidad. La vez que se afirma que Nam-myoho-renge-kyo es el nombre de la vida de Nichiren Daishonin, Buda del Último Día, se subraya la fusión indivisible entre la vida de este maestro y la verdad de la ley que predicó.
La lucha por liberar al pueblo de la indignidad, el karma adverso y las aflicciones del nacimiento, la vejez, la enfermedad y la muerte implica batallar contra la ignorancia que las origina. Entonar Nam-myoho-renge-kyo tiene el poder de dispersar las oscuras nubes de la ignorancia y hacer brillar el sol de la budeidad en el corazón. El budismo Nichiren, lejos de ser exclusivo, está hecho para que el sol de la budeidad se eleve en la vida de todos, tal como lo hizo posible el Daishonin.

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