En nuestro día a día como terapeutas, no es raro encontrarnos con personas que llegan a consulta desconectadas de su cuerpo. A veces lo dicen así, otras veces lo expresan de forma más difusa: “no puedo parar”, “me cuesta relajarme”, “todo me duele y no sé por qué”. El entrenamiento autógeno es una técnica de relajación profunda basada en la sugestión, diseñada por el neurólogo Johannes Schultz. No es una técnica mágica ni instantánea, pero sí una de las más completas para trabajar desde el cuerpo hacia un estado de calma. Desde la psicoterapia, puede ofrecer una técnica especialmente útil para trabajar la ansiedad, el estrés crónico, los síntomas psicosomáticos o simplemente para ampliar recursos de autorregulación. ¿Quieres saber cómo aplicar el entramiento autógeno en consulta?
Johannes Schultz diseñó este método a partir de sus observaciones sobre el estado de relajación profunda que alcanzaban pacientes bajo hipnosis. Quiso ofrecer una vía para que cualquier persona pudiera llegar a ese estado por sí misma, sin necesidad de guía externa. Aunque desarrollada hace casi un siglo, hoy podemos reinterpretarla desde marcos como el de la teoría polivagal de Poges que explica cómo ciertos estados fisiológicos nos preparan para la seguridad y la regulación emocional. Y si lo miramos desde una perspectiva más humanista, también podríamos decir que esta práctica permite volver al cuerpo como territorio seguro.
Esta técnica está compuesta por seis ejercicios que se practican de forma progresiva. En la realidad de la clínica, no es necesario llegar a todos los ejercicios para que la técnica tenga efecto. Es una técnica larga y compleja de entrenar por lo que, de hecho, es habitual que al principio se trabaje solo con la pesadez y el calor, y que con eso sea suficiente para que la persona empiece a notar diferencias. Es algo importante a transmitir en consulta: no hay prisa.
En terapia solemos explorar varias técnicas para acompañar a las personas en la gestión del malestar. Por un lado, se diferencia de la relajación muscular progresiva de Jacobson, que propone tensar y soltar músculos de forma activa. El enfoque de Schultz es más pasivo: no hay acción, sino observación. Comparado con técnicas más breves, como la respiración consciente o la visualización, el entrenamiento autógeno puede parecer más técnico o largo. Es cierto. Pero también puede ser más profundo. También difiere del mindfulness, aunque comparten elementos.
En la práctica clínica, esta técnica puede ser una gran aliada. Esta técnica puede acompañar procesos largos sin saturar. No exige grandes explicaciones ni dramatiza lo emocional. Además, es adaptable. A veces podemos empezar practicando solo uno o dos ejercicios, lo cual también nos puede ayudar a ir poco a poco incorporando la técnica. Otra forma puede ser grabar la voz con las frases para facilitar la práctica en casa, de forma que la persona puede concentrarse en la sensación física y no tanto en las instrucciones que se está dando.
Si bien el objetivo del entrenamiento autógeno es inducir un estado de relajación, sus beneficios en psicoterapia van mucho más allá. Desde lo terapéutico, esto puede abrir la puerta a trabajar temas más profundos.
Evita tecnicismos. Usa un lenguaje simple que explique lo que la persona necesite saber sin entrar en teorías si no son necesarias. No hace falta aprender todos los ejercicios de golpe. Al principio puede costar. Algunas personas se frustran por no sentir “lo que deberían”. Ejemplo: “No te preocupes si al principio te cuesta un poco. Después de la práctica, abrir un espacio para compartir qué se sintió puede ser enriquecedor. Adelántate a una posible sensación de “fracaso” si no lo han conseguido: “Muchas veces al principio es difícil entrar en ese estado de relajación y cuesta sugestionarse con esas sensaciones corporales.
En un mundo que corre, exige y sobrecarga, el entrenamiento autógeno puede ser una invitación suave a la pausa. No es una solución rápida ni una herramienta más para tachar de la lista. Es, por su propia forma, una forma de ayudarnos a comprender que no todas las técnicas necesitan resultados inmediatos para ser valiosas. A veces, quedarse en los primeros pasos ya supone una diferencia, y eso nos puede ayudar también a quitar esa presión o necesidad de perfección que nos dice que “si no lo hago todo, no hago nada porque no va a servir”. La calma no siempre viene de hacer más, sino de aprender a simplemente estar.
El entrenamiento autógeno es una técnica de relajación profunda basada en la autosugestión. En psicoterapia, puede ser una herramienta potente para acompañar ansiedad, estrés y procesos psicosomáticos desde el cuerpo.
- Ventajas y límites: puede acompañar procesos largos sin saturar y no exige grandes explicaciones.
- Aplicabilidad: empezar con uno o dos ejercicios y grabar la voz para practicar en casa.
- Convergencia teórica: puede verse a través de la teoría polivagal y desde un enfoque humanista centrado en el cuerpo.
Referencias útiles citadas en el material: Schultz, J. H., y Luthe, W. (1959). Autogenic training: A psychophysiologic approach in psychotherapy. Stetter, F., y Kupper, Z. (2018). Autogenic training: A meta-analysis of clinical outcome studies. López-Torrecillas, F., Peralta-Ramírez, M. I., y Sánchez-Fuentes, M. M. (2019). Aplicación del entrenamiento autógeno en el tratamiento del estrés: revisión y análisis empírico. The American Journal of Psychiatry y otros trabajos sobre prácticas mind-body.
